Etiqueta: psicoanálisis

  • Ludopatía en mi generación

    Ludopatía en mi generación

    Me gusta darle a botones y que pasen cosas. Darle a la letra azul subrayada o del color que sea. Que salgan numeritos y puntitos rojos. Ver crecer esos numeritos. Conectarme todos los días para revisar esos numeritos.

    Me gusta poner fichitas: fichita, fichita, fichita… Y ver como crecen esos números. No hay ningún objetivo detrás, sólo esas lucecitas tan divertidas. Poner caritas en el chat y oir el ¡cling!

    Poner fichitas y rodearte. En el fondo es todo muy aleatorio pero me invento reglas. Intuiciones empíricas de las que destilo axiomas. Pero siempre pasa otra cosa.

    Para que una cosa se vuelva interesante basta con mirarla mucho tiempo

    En efecto. Si no, no me explico mi fascinación. Cuanto más juego más quiero jugar. Ya ni oigo el teclado, solo luces y efectos. Maravilloso.

    Otro mundo y otro mundo y otro mundo, todos ellos llenos de gente hablando, negociando, apostando y luchando. Uso un vocabulario extraño y me río sin parar.

    Hasta que me doy cuenta de que me he había dormido y me tambaleo hasta la cama. Duermo como un abrir y cerrar de ojos, no sueño nada. Me despierto pensando en los botoncitos y las lucecitas. Desayuno rápido para retomar por donde lo había dejado.

    Pero ese punto no existe. Se abren millones de posibles caminos. nuevas combinaciones de tecla con cuevos efectos especiales. Mejores que nunca. Cada vez los hacen mejores.

    Luces, movimiento, letritas, voces, risas.

    Gamer-level-up!-T-Shirts

  • Malacostumbrados a la no-negatividad

    Malacostumbrados a la no-negatividad

    Tras las aberraciones que se cometieron en el siglo pasado, mi generación y las dos anteriores fuimos educados en el «no se ofende, no se agrede, no se blasfema, no se discrimina», «hagamos un mundo mejor». Un mundo mejor sin selección natural. Lo natural, que es sentir dolor, rebelarse contra él y morir en el intento ha pasado a ser una idea horrible.

    Lo veo en niños, a los que castigan por defenderse de un abuso, que reciben reprimiendas por simplemente decir «¡porque no quiero!». Ellos no entienden lo que pasa, lo natural para ellos es actuar cuando no les parece bien algo, pero resulta que eso es malo.

    Sea por educación o por falta de autoridad, llega el momento en que crecen y se les olvida preguntar de nuevo. Incluso desarrollan sentimiento de culpa y reprimen la pregunta. Y los «adultos» les premian por haber aprendido.

    ¿Aprendido a qué?¿A obedecer?¿A no preguntar? ¿A no defenderse?¿A aceptar la profecía autocumplida de que son unos débiles?