Categoría: Reflexiones

  • El arte de entender y la diferencia entre «caer en definiciones» y «asumir definiciones»

    El arte de entender y la diferencia entre «caer en definiciones» y «asumir definiciones»

    Originalmente iba a llamarlo simplemente «El error de caer en definiciones», pero caí en que definir conceptos es básico para una comunidad filosóficamente productiva, para no caer una y otra vez en tener que definir cosas desde el principio. Pero sobre todo en la dificultad de hablar, y sobre todo de entenderse con gente que no comparte tu entorno y por lo tanto tampoco tus definiciones, quiero incidir.

    Conversar con gente distinta

    Es complicado conversar con una persona distinta si no selection-du-weekend-62-231se aprende a ver más allá de las propias preconcepciones para entender lo que realmente quiere decir. A lo largo de mi vida he tenido la suerte de conocer y conversar con gente extremadamente distinta, desde lo humilde hasta lo rico, desde dogmáticos fanáticos hasta anarquistas locos, a ambos lados del charco, al sur y al norte y en variedad de idiomas y creencias (lo suficiente para saber que nunca lo habré visto todo). Pero no hace falta ir tan lejos, el problema empieza ya entre personas que hablan el mismo idioma y son de la misma familia: hay una tendencia en dar más importancia a las definiciones que tenemos (o mejor dicho «se tienen») de determinadas palabras que a lo que realmente quiere decir el interlocutor y una gran dificultad a la hora de reconocer que el interlocutor no está equivocado sino que está hablando de otra cosa, ya ni hablemos de intentar asumir las definiciones que él está usando para esas expresiones que nos hacen malentenderlo todo y ver si podemos darle la razón dentro de «su marco». De ahí también, como ya he mencionado arriba, la necesidad de fijar definiciones cuando una comunidad se define.

    Una de las cosas que aprendí al conversar con un cristiano muy convencido, por ejemplo, es que él no va a admitir ningún argumento mío a no ser que yo le haga ver que soy aquello que él define como persona válida, una persona creyente. Y lo soy. Por lo general tengo fe en que las cosas van a funcionar. Así que no me cuesta hacer un giro en el lenguaje y decir que tengo fe en su dios, ya que en caso de que existiera, de hecho sería un buen cristiano (si existe creo que lo soy, pero como no lo se, pues no sé si lo soy, se trataría de definir qué es serlo y no solo de afirmar que lo soy… bueno, esto daría para otro ensayo). Como tengo algún conocimiento sobre la Biblia soy capaz (aunque suponga una limitación de mi libertad argumentativa) de entrar en «su marco» e i875991_ecd2906ancluso de hacerle superar alguna de sus barreras. Siempre desde dentro y sin pretender lograr un gran cambio, ya que en cuanto se note tal pretensión, la conversación dejará de serlo. Además, sobre la necesidad de tal cambio también se puede discutir, por lo general no es necesario ni confortante andar cambiando a gente que no está dispuesta a ello. El objetivo real es entenderse más allá de las definiciones, lo cual a la larga puede dejar de ser viable, pero es una habilidad útil.

    El error de caer en definiciones

    Ahora uno podría venir y decir que le estoy engañando. Pero una vez más está cayendo en un error de definición, porque realmente estoy sacrificando mi forma de definir las cosas, a la cual, en definitiva, debo mi capacidad de razonamiento, para poder hablar con él de tú a tú, y a lo mejor incluso le estoy haciendo un favor evitándole a él el doloroso esfuerzo de dejar de lado su tan apreciado convencimiento para poder entender de qué estoy hablando. Suena a que su capacidad de razonamiento es reducida en comparación con la mía, y de hecho así creo que es, la defensa fanática de cualquier postura roba capacidad de comprensión (sobre todo cuando es un fanatismo de «a ver quién es más fanático»). El valor de reducir mi marco al suyo, reside en el valor del posible acuerdo que pueda surgir, obviamente tampoco vale la pena sacrificarse para nada. Pero lo dicho, este tipo de flexibilidad es una herramienta extremadamente útil si se sabe cuándo aplicarla.

    Al igual que he puesto el ejemplo del cristiano, e0ee7609f6d70e376c102327b69a6fc9podría aplicarlo a cualquier otro campo (gente de izquierdas, ecologistas, académicos, estatistas, antiestatistas, médicos, etc. cada uno de ellos tiene su diccionario de palabras y valores morales específico), y en cualquier otro campo requerirá también otras habilidades específicas. El otro día, por ejemplo, me lié en una discusión interminable con mi abuela por decir que «todos tenemos nuestro toque de esquizofrenia», lo cual a ella, como médico, «le dolió», porque estaba usando una palabra del ámbito médico sin conocimientos de medicina (lo cual es cierto, pero no quita significado a lo que yo pretendía decir), y no fuí capaz de transmitirle lo que realmente quería decir, ya que ella se quedó colgada en que «las palabras tienen una definición y no podemos usarlas como nos dé la gana».

    Lo cierto (que me corrija un experto, si es que lo hay) es que las palabras pueden tener distintas definiciones según el contexto en que se usan (las cuales no existían como tales antes de ser fijadas, sea por consenso o por imposición), lo cual no quita que, a riesgo propio, podamos usarlas como nos dé la gana. Y de hecho es lo que hacemos todos por mucho que nos esforcemos en «buscar las definiciones pertinentes» -para evitar el trabajo de definir las cosas por nosotros mismos y asegurar que otros nos entiendan-, al final usamos las palabras como nos parece. No hay definiciones más pertinentes que las que nosotros mismos nos molestemos en fijar. Ni el Padre Universo ni la Madre Tierra fijó nada de eso, siempre fueron las personas. Pero eso es algo que pocos se detienen a analizar y reconocer, es algo que yo casi afirmaría «se aprende o no se aprende y es muy difícil enseñar».

    Dejar de lado unas para fijar otras

    Y como pocos -por fijar un número arbitrario- son conscientes, quizás mejor dicho, muchos no lo son, la habilidad de uno mismo desprenderse de lo que cree saber o haber aprendido, es decir de las definiciones que tiene por correctas, es incalculablemente valiosa a la hora de, por ejemplo, explicar lo que otros no entienden, o llegar a entender culturas o formas de tratar con la realidad radicalmente distintas a la suya y sobre todo no eliminar la posibilidad de tratar con gente distintaque-es-social-media por cuestión de definiciones (usualmente llamados prejuicios). Por otra parte, cuando se empieza a formar un determinado círculo de gente entre la que se produce una conversación filosóficamente interesante o productiva, es esencial definir conceptos (para que eso sea posible como grupo, es imprescindible que los individuos dispongan, consciente o inconscientemente de la flexibilidad anteriormente descrita), de forma dinámica, para que la construcción de la conversación sea progresiva y no un círculo que vuelve siempre atrás a los mismos temas con los mismos argumentos (o con la misma falta de capacidad de juicio).

    Estas dos habilidades, ser capaz de dejar de lado sus propias definiciones predeterminadas, y ser capaz de determinar definiciones nuevas para (y en) un grupo o comunidad, son recíprocas y son las que considero fundamentales para desarrollar «El arte de entender».

    Queda para otra ocasión buscar una analogía para «El arte de entender» en el tablero de Go.

  • Descartes y yo, mi ejercicio de reflexión

    Descartes y yo, mi ejercicio de reflexión

    Aunque lo intenté varias veces , nunca terminé de leer el Discursorene-descartes sobre el método de Descartes, siempre muero por la parte en la que empieza a hablar de dios.

    Aún así me sentí identificado en gran medida con él, un hombre que con unos veinte años había conocido varias ramas de la ciencia, de la filosofía y del arte, y se había dado cuenta de lo difuso que era todo. Su decisión fue asumir que en realidad no sabe nada, y que no tiene por qué agarrarse a defender idea alguna y, haciendo uso de su capacidad lógica, dedicaría tiempo todos los días a escribir sus reflexiones, para así construir conocimiento de su desconocimiento, siguiendo un método (el cual no me acuerdo si describe en el libro).

    Quizás de forma menos metódica que Descartes (intuyo que el mundo actual es más dinámico y amorfo), yo estoy siguiendo ese camino. Sé poco, digamos que mi conocimiento «duro» no es especialmente grande, pero capacidad y ganas de raciocinio no me faltan, así que dentro de mi «ignorancia» me dedico a elaborar teorías y sobre todo a escribir sobre ellas, para extender la base sobre la que razonar, dejando atrás lo ya esclarecido a menos que haya que derrumbarlo por inválido o extenderlo por útil. De esta manera voy entrando en conversación con el mundo, tanto con quien sabe más, que puede aportar a mi camino, como con quien sabe menos, que seguramente puede aprender algo de lo que ya llevo andado.

    ¿A qué voy con todo esto? Aunque sepa hablar mucho y extendido, no significa que sepa mucho, ni siquiera que mi razonamiento lógico sea correcto, más bien que le doy vueltas a las cosas en voz alta una y otra vez, por delante y por detrás, hasta que me puede el agotamiento o creo haber llegado al límite de lo alcanzable con mi lógica, siempre con la esperanza de animar a alguien más a sacar errores o a aportar datos y razonamientos nuevos. Así cada vez que cierro un capítulo lo hago con la seguridad de que podré recurrir a él en el futuro sin tener que discutirlo de nuevo desde el principio.

    Lo más valioso que aporta este ejercicio es el refinamiento de procesos lógicos, descubriendoparadojas y puntos fuertes, haciendo fuerzas también de mis debilidades.

    Lo recomiendo.

  • El arte de elegir objetivos

    El arte de elegir objetivos

    El humano es un animal curioso. El único para cuya vida lo más importante son sus objetivos. Son nuestro motor. Creo que no es pretencioso querer justificar esta afirmación con el sentido común ya que todos lo hemos experimentado.

    Entiendo objetivo como cualquier cosa que se quiera alcanzar, más allá de méritos o logros, algunos de mis objetivos son, por ejemplo, no sacarme una carrera, conocer más gente capaz de hacerme cambiar de opinión, vivir con mi mujer, estudiar el Go, levantarme mañana, leer un libro, satisfacer mis necesidades vitales, etc., lo dicho, aquellas cosas que me mueven a hacer algo.

    De forma más o menos consciente y aunque cada uno tenga su manera de juzgar al respecto, el principal tema de nuestras vidas, aunque muchas veces en segundo plano, es definir objetivos y adquirir costumbres enfocadas a alcanzarlos. Diariamente pasan por nuestras cabezas miles de decisiones posibes enfocadas a cumplir objetivos y a elegir nuevos.

    El arte no es tomar decisiones correctas, es tener objetivos

    Muchas veces uno se para a reflexionar sobre cómo tomar «la mejor decisión» o cuál sería el «mejor objetivo». En cada momento, tomar mejores decisiones o elegir aquellos objetivos que nos hagan sentir realizados es también un objetivo. Muchos de nuestros miedos, decepciones y depresiones nacen de la incertidumbre acerca de nuestras decisiones y objetivos. Ese es un peligro que en un mundo de información y posibilidades conocidas como el actual aumenta radicalmente. Todo es posible y siempre hay alguien que es mejor tomando decisiones. Lo malo no es eso, lo malo es constantemente saberlo. Cuando el único objetivo es optimizar la toma de decisiones, tomar decisiones parece haber perdido su significado artístico.

    Lo que yo he querido llamar «el arte de elegir objetivos» asienta su base en asumir este problema como punto de partida y pretende tratarlo de raíz. La depresión, la falta de objetivos y la negación de toda posibilidad de desarrollo, es la peor enfermedad que el humano puede sufrir. Peor que vivir encerrado. Peor que la muerte.

    Tomar decisiones correctas no es un arte, no porque no lo sea tomar decisiones en sí, sino por lo absurdo del concepto «decisión correcta» en general. De hecho, el dominio del arte de elegir objetivos no es posible sin tomar decisiones equivocadas ya que si siempre tomas la decisión correcta nunca necesitarás un cambio de objetivo, lo que probablemente llevará a la falta de objetivo.

    Mi afirmación, pues, es que el arte está en saber elegir los objetivos correctos, ya que cuando el objetivo es tomar siempre la decisión correcta se entra en un bucle vacío que cual agujero negro absorbe tus ganas de vivir. El objetivo debe ser hacer (o no hacer) algo, concreto o no, pero algo o bien alcanzable o que como mínimo genere un significado al ser intentado, es decir, que no quede en un «intento vano». La cosa no va de no intentar lo imposible, la cosa va de definir el objetivo con la suficiente ambigüedad (y precisión) como para que el fracaso no genere vacío o aún peor sentimiento de culpa. El sentimiento de culpa es el resentimiento de una decisión incorrecta.

    Cometer menos errores no es tener menos arte. «El arte de elegir objetivos» no es, como ya habréis notado, una inteligencia puramente lógica y pragmática. No somos ordenadores. Los ordenadores no tienen objetivos, tampoco cometen errores. Es una inteligencia más bien emocional: la gran lógica de este arte es que desde la creatividad se es más productivo, entendiendo bajo productividad tanto capacidad de alcanzar objetivos como capacidad de generar nuevos objetivos. Un objetivo puede ser también no tener objetivo. Ver una paradoja en esto último no es necesario.

    No hay un Objetivo Único, Central y Superior

    La única forma de no tener que cambiar de objetivo sería fijar el Objetivo Único, pero el Objetivo Único es una paradoja, es igual a la falta de objetivo en valor: quien persigue un único objetivo durante toda su vida pierde amplitud de miras hasta el punto en que fracaso es igual a muerte en términos metafóricos. Y voy a decir más, girando un poco el asunto, la única manera de aproximarse a tomar siempre decisiones correctas es fijar los correspondientes objetivos, variados y flexibles o, como mínimo, simples, ya que la correctitud de una decisión siempre depende del objetivo al que va orientada. Decisiones correctas no lo son siempre.

    Lo que quiero decir cuando hablo de «El arte de elegir objetivos», no es más que  inteligencia definida por la siguiente ecuación: inteligencia es la capacidad de aumentar la diversidad de decisiones futuras correctas. El objetivo es «mejor» cuantos más distintos desarrollos ofrezca a continuación. Por eso el gran valor que veo en trabajar sobre los hábitos. Definir motivos por los que tener un determinado hábito nos dará control sobre ellos y ese es el mejor camino con miras a poder proponerse con seguridad lo que sea que a uno le venga en gana.

    «El arte de elegir objetivos» y el poder del Go

    El Objetivo Único en el Go sería ganar, pero si juegas simplemente a ganar pierdes. Hay que dejar espacio al oponente. Uno está obligado a «no hacer» por un turno, plantearse el objetivo más próximo, tomar una decisión y parar de nuevo a ver que pasa. Turno por turno.

    Los objetivos son múltiples y varían según el momento, Joseki4-4,6-3,3-6-1extender moyo, asegurar un poco más de territiorio, cubrir puntos débiles, unir grupos que peligran, no dejar escapar un grupo muerto del contrario, invadir… cada cosa a su tiempo. Y si, todos ellos tienden al Objetivo Único, pero han de ser necesariamente distintos a él para tener significado y una forma correcta de decirlo sería «gana el que más significado genere en cada movimiento», el que sea capaz de siempre ver la parte buena del movimiento del contrario o como equivalentemente he dicho más arriba, el jugador cuyos objetivos ofrezcan más posibilidades de desarrollo, que a cada turno sea capaz de valorar de nuevo sus objetivos y no se obceque durante demasiado tiempo en hacer algo que no sabe si va a funcionar o, peor aún, ni siquiera para qué puede servir.

    Tras jugar mucho, uno empieza a darse cuenta del poder del ejercicio. Automáticamente tiende a no tener sólo un plan sino a tener decenas de ellos a cada instante, preparado a poder elegir aquel que menos te esperabas. Aprende a no frustrarse por el fallo de ninguno de ellos sino más bien a desarrollar fascinación por la belleza de lo aleatorio. Además, el Objetivo Único del Go (ganar) resulta no ser el más interesante ni el más motivador, lo más interesante es ganar por los pelos (importante por eso es encontrar pares).

    Mis planes nunca salen, por eso tengo tendencias a no hacerlos, lo más parecido que hago es «contemplar opciones y tomar decisiones».

    «El arte de elegir objetivos» es un ejercicio minimalista

    Replica_of_Dharma_Chakra_at_Duvvada_hillockYo lo defino como una visión «casi budista» de la inteligencia, que es ambivalente y todo lo tiene en cuenta sin hacer tampoco demasiado hincapié en «la importancia de cada cosa». Es flexible y no ve dificultad en cambiar de opinión o simplemente ver la parte buena de las cosas: «una opción puede ser mala, pero el resto son muchas más». Desde una perspectiva minimalista es incluso capaz de encontrar un Objetivo Único: dar otro paso, disfrutar de la infinita belleza de ese cambio como si fuera definitivo y así sucesivamente. La decisión es dar el paso, el objetivo disfrutar del cambio. Hacer para poder volver a no hacer. No hacer para poder volver a hacer convencido. Y todo por reflejo, por hábito, sin constantemente pensar en ello, teniendo presente solamente la fascinación.

    Spare yourself from seeking love, approval, or appreciation—from anyone. And watch what happens in reality.

    Byron Katie

    ¿Quiénes dominan este arte?

    Este arte no se domina, yo diría que es un arte por el cual hay que dejarse dominar. Como en el Go: es tan fácil que cualquiera puede aprenderlo, pero tan difícil que nadie puede afirmar que gana siempre. El arte, en gran parte también consiste en aceptar que eso es así. Es un arte que engloba muchas cosas. El Objetivo Único, entenderlo y dominarlo buddha-272493_640completamente es, como ya he intentado explicar, complejo hasta lo paradójico, como querer fabricar un lápiz sin ayuda. Dominan este arte aquellos que sienten pasión por lo que hacen, toman decisiones por ver que pasa, se dejan llevar por objetivos indefinidos, buscan sorprenderse a sí mismos y son capaces de entender, con algo de estoicismo científico, que por mal o distinto que salga todo, el mundo sigue.

  • Volver a las bases

    Volver a las bases

    Hay un proverbio de Go muy aplicable a la vida que dice: cuando no sepas qué hacer, vuelve a tu plan original.cropped-goA medida que pasa la vida vamos adquiriendo costumbres, haciendo pequeños gestos día a día que al principio son singulares pero en cuanto dejamos de darnos cuenta se convierten en hábitos y olvidamos la intención que había detrás de aquella vez. ¿Era por placer?¿Por curiosidad? La primera vez había un plan detrás, pero probablemente hemos olvidado incluso cuál fue aquella primera vez. La cosa es más compleja que sólo analizar una costumbre, porque la secuencia de decisiones que tomamos en un día es la combinación de miles de hábitos, en un orden más o menos aleatorio, que hemos educado acumulativa a lo largo de muchos años. Nuestra tendencia natural es automatizar. Inconscientemente, por instinto, construimos sistemas en los que nos sentimos seguros para entregarnos a ellos y no tener que preocuparnos constantemente de qué vamos a hacer a continuación.

    Automatizar es bueno cuando los automatismos son buenos, pero dado que no nacimos sabiendo distinguir buenas costumbres de malas costumbres, cuando nos queremos dar cuenta hemos perdido años de nuestra vida haciendo cosas simplemente por inercia sin siquiera buscar un sentido detrás. Tampoco se trata de buscar sentido en todo, eso puede ser muy cansador, muchas de esas cosas las hacemos por placer, y eso no tiene porqué ser malo, siempre que mantengamos un grado mínimo de flexibiliad.

    Mi hipótesis es: no es malo perder el tiempo ni tener adicciones, ni tampoco costumbres rituales improductivas día a día, pero es importante desarrollar técnicas para resetear de vez en cuando, volver al «plan original». Sustituir los actuales hábitos por otros que tuviste hace tiempo, o incluso dejarlos drásticamente, aunque sea para volver a experimentar la sensación de la primera vez y poder valorar de nuevo la razón por la cual lo convertiste en costumbre, para elegirlos de una forma realmente resiliente y no ser simplemente víctima de ellos.

    Parar y preguntarte qué es lo que realmente querías en el principio de los principios, quizás algo mucho más simple de lo que siquiera eres capaz de formalizar. En general, ser capaz de preguntarte cuál es el objetivo original de cualquiera de los caminos que hayas escogido y si las cosas que asumes como intrínsecas al mismo realmente lo son. Y es que demasiadas veces asumimos compromisos con nosotros mismos sin cuestionar, y nadie nos obliga a ello, enrolándonos en batallas interminables que no llevan a donde queríamos, simplemente nos desgastan.

    Aunque en la vida, igual que en el Go, no se trata de dar una paliza al contario, lo realmente interesante es ganar por los pelos.

  • Carta para mis amigos: os animo a leer…

    Carta para mis amigos: os animo a leer…

    Me va a costar un rato reunir, pero lo haré porque confío en vuestra sed de conocimiento, sobre todo en vuestras ganas de cambiar las cosas, la clave de esta carta no está en lo que escribo sino en los enlaces que adjunto al texto, este texto sin enlaces es una charla vacía. Mi objetivo a medio plazo es que vayamos creando un club de lectura (y de go) y una incubadora de buenas ideas y lleguéis a entender y a participar más de los caminos que hay para abrirse a la red de gente activa y dispuesta a compartir conocimiento (y negocios), que es inmensa. Yo tengo el privilegio de nutrirme de algunos gremios culturales ya, sólo fue cuestión de abrir los ojos, no de ser importante o especial. Para mí todo empezó a materializarse en aquel viaje que hice el año pasado a Bilbao, en el que empecé a darme cuenta de que el fenómeno es real y que hay que aprovecharlo. Y me gustaría compartir esta experiencia no solo con mis nuevos amigos sino también con algunos de los de siempre. Advierto que con el tema de Las Indias podéis acabar odiándome, pero mejor que ellos no define las cosas prácticamente nadie. Recomiendo su lectura diaria, así como la de muchos otros blogs, con tal de salir del fucking Facebook.

    Primer concepto a formalizar: topologías de red. Ya lo conocéis algunos. Y es que el mundo académico sigue moviéndose a nivel centralizado (o como mucho descentralizado) alrededor de la universidad, pero hoy en día la estructura dominante es la distribuida y a primera vista (más para jóvenes sin experiencia como nosotros) cuesta darse cuenta de la magnitud del suceso y de que no es una utopía: el acceso al conocimiento es libre. La cuestión clave que veo, es que la mayoría de jóvenes con mediano potencial se quedan atrapados entre Facebook, Google y Twitter y el utópico ascenso hacia la universidad como único camino a lograr una vida digna e interesante y corren gran riesgo de frustración al no ser capaces así de desarrollar una conexión a la red del conocimiento y las relaciones de mercado en su máxima expresión. La crisis que vivimos en España (Europa y el muno occidental entero) es más una cuestión de enfoque equivocado que de crisis económica real y eso se reconoce en que quienes se dan cuenta y lo trabajan tienden a crecer a pesar de la descomposición que sufre el resto.

    Inmediatamente ligada a la evolución de las topologías de red aparece la nueva forma de aprendizaje, para entender esto es esencial distinguir entre gente culta y gente especializada, como dice Pekka Himanen en su libro sobre la ética hacker,

    ¿de qué se trata al trabajar, de hacer algo o de cumplir una condena?

    lo mismo es trasladable al mundo del conocimiento en forma de sistemas de aprendizaje libres. Dado el libre acceso que tenemos al conocimiento y a los contactos con más experiencia, resulta haberse convertido en una pérdida de potencial tener que subordinarse a una facultad académica al modo tradicional (al menos por principio, obviamente, a pesar de la obsolescencia de su monopolio, siguen siendo sitios ricos para conocer gente y aprender), sea del tipo o del nivel que sea.

    Una vez entendidas estas claves del «nuevo mercado» del conocimiento hay una serie de pasitos que para mi fueron esenciales, ya que no hay otra forma de inernalizar el proceso: abrir un blog (sobre lo cual tengo un borrador a medio escribir), leer y comentar blogs de otros (entrar en conversación es básico), y leer libros sobre aquello que te interese (hacerte con el conocimiento, dejar de pensar que necesitas una nota que lo acredite, si sabes sobre algo, escribe sobre ello y busca con quién discutir sobre el tema, por inercia encontrarás la manera de convertirlo en oficio, ¿qué mejor camino que abrir un blog?). Vuelvo a una cita irónica de Pekka Himanen, hoy más poderosa que nunca:

    ¿Cómo podría Einstein haber llegado a la fórmula E=mc2 si su actividad se hubiera dado en el caos de grupos de investigadores autoorganizados? ¿Acaso no opera la ciencia con una jerarquía tajante, liderada por un empresario en Ciencia, con directores de división para cada disciplina?

    Ahora, veo y entiendo lo que para vosotros pudiera ser un problema: vuestra aversión a lo tecnológico, para ello tengo una respuesta radical y quizás poco simpática, pero así es la vida, aprender a utilizar la tecnología hoy es lo que hace cien años o más era aprender a leer y escribir, esencial para tener acceso a la cultura. Si no quieres, tonto tú, entender no es un derecho, es una responsabilidad. Además, sois jóvenes como pocos lo son y gozáis de un acceso diario, casi involuntario, así que no tenéis nada que os justifique al negar el acceso a conocimiento nuevo. Y con estas últimas palabras no pretendo ejercer coherción, sólo advertir que hoy más que nunca antes somos herreros de nuestro destino, y echar la culpa a «este sistema de mierda que nos mira sobre el hombro porque ¿¿¿somos diferentes???» es una actitud, simplemente, equivocada. Papá estado es un hijo de puta, pero ya no mata con la desfachatez que acostumbraba, y perdió el poder de quemar nuestras bibliotecas. Nosotros somos jóvenes y esa es la principal fuente de poder.

    Fin del discurso por ahora, aquí un enlace achild-316511_640 una carpeta llena de libros en la cual recomiendo empezar por el itinerario, están ordenados y contextualizados con sentido, pero cada uno es libre de empezar por donde quiera y yo estoy dispuesto a conversar y a hacer más recomendaciones más allá. Otro filósofo que me gusta mucho últimamente es Byung Chul Han, cuyos libros compro y leo, pero en alemán, aunque debe estar disponible en español igual. Estuve leyendo un libro, que sigo teniendo a medias, de David Graeber, otro personaje digno de observación. Y hay muchos más.

    Si me observáis en mi blog, en Twitter, en lamatriz.org y en ello.co veréis que a pesar de que ignoro el Facebook estoy activo en internet de una forma distribuida, ya que lo considero importante para mi desarrollo intelectual, he decidido ser principal artífice de mi formación.

    Os invito a explorar, no tiene por qué ser de una forma tan masiva, acabo de resumir un progreso que ha costado ya algunos años, esperiencias y contactos, pero razones no faltan y os puedo hacer la promesa de que os hará ver el mundo con otros ojos.

    ¡Críticas, por favor!