Hay un proverbio de Go muy aplicable a la vida que dice: cuando no sepas qué hacer, vuelve a tu plan original.
A medida que pasa la vida vamos adquiriendo costumbres, haciendo pequeños gestos día a día que al principio son singulares pero en cuanto dejamos de darnos cuenta se convierten en hábitos y olvidamos la intención que había detrás de aquella vez. ¿Era por placer?¿Por curiosidad? La primera vez había un plan detrás, pero probablemente hemos olvidado incluso cuál fue aquella primera vez. La cosa es más compleja que sólo analizar una costumbre, porque la secuencia de decisiones que tomamos en un día es la combinación de miles de hábitos, en un orden más o menos aleatorio, que hemos educado acumulativa a lo largo de muchos años. Nuestra tendencia natural es automatizar. Inconscientemente, por instinto, construimos sistemas en los que nos sentimos seguros para entregarnos a ellos y no tener que preocuparnos constantemente de qué vamos a hacer a continuación.
Automatizar es bueno cuando los automatismos son buenos, pero dado que no nacimos sabiendo distinguir buenas costumbres de malas costumbres, cuando nos queremos dar cuenta hemos perdido años de nuestra vida haciendo cosas simplemente por inercia sin siquiera buscar un sentido detrás. Tampoco se trata de buscar sentido en todo, eso puede ser muy cansador, muchas de esas cosas las hacemos por placer, y eso no tiene porqué ser malo, siempre que mantengamos un grado mínimo de flexibiliad.
Mi hipótesis es: no es malo perder el tiempo ni tener adicciones, ni tampoco costumbres rituales improductivas día a día, pero es importante desarrollar técnicas para resetear de vez en cuando, volver al «plan original». Sustituir los actuales hábitos por otros que tuviste hace tiempo, o incluso dejarlos drásticamente, aunque sea para volver a experimentar la sensación de la primera vez y poder valorar de nuevo la razón por la cual lo convertiste en costumbre, para elegirlos de una forma realmente resiliente y no ser simplemente víctima de ellos.
Parar y preguntarte qué es lo que realmente querías en el principio de los principios, quizás algo mucho más simple de lo que siquiera eres capaz de formalizar. En general, ser capaz de preguntarte cuál es el objetivo original de cualquiera de los caminos que hayas escogido y si las cosas que asumes como intrínsecas al mismo realmente lo son. Y es que demasiadas veces asumimos compromisos con nosotros mismos sin cuestionar, y nadie nos obliga a ello, enrolándonos en batallas interminables que no llevan a donde queríamos, simplemente nos desgastan.
Aunque en la vida, igual que en el Go, no se trata de dar una paliza al contario, lo realmente interesante es ganar por los pelos.

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