Al hilo de la idea de «orden voluntario» manejada, por ejemplo, por Hayek.
La fuerza polémica del término está clara: va dirigido contra la planificación, contra la “voluntad general” convertida en dirección política de la economía, y contra toda teoría que lea la coordinación social como algo que debe venir desde arriba.
(generado por ChatGPT)
A mi entender, la Idea de voluntad general es mitológica, el materialismo sostiene contra esto, por ejemplo, las ideas de ortograma, eutaxia y prudencia política aunque todas ellas, si bien deben ser rectoras, en el ejercicio, de un buen gobierno, sólo son juzgables a posteriori. Se distinguen sustancialmente de la idea de voluntad general en que, si bien la clase gobernante (dado que desde el materialismo se niega la posibilidad de un gobernante único, entendido como gobernante «total» o absoluto, una uniarquía tiene puede tener un representante unitario, pero simpre supone, entre muchas otras cosas, un entramado jerárquico que sostiene su posición, en una diarquía, o en una poliarquía, hablaríamos de que las clases gobernantes, son constutivamente múltiples) en su voluntad particular, sus fines particulares, dirigidos a su mantenimiento en el poder, deben incluir, sea como medio o como fin, el mantenimiento en el tiempo de las instituciones del Estado que gobiernan, es decir la eutaxia. En función de esto podremos ejercitar una diversidad de análisis al respecto de la estructura formal, la calidad y las características cualitativas de un determinado gobierno dado en la historia. Puede haber gobiernos con procesos formalmente democráticos pero parasitarios (depredadores, extractivos), pero sin embargo eutáxicos (en el sentido de su mantenimento en el tiempo de la unidad e identidad del Estado) -como la Cuba deste el s.XX; como puede haber gobiernos uniárquicos, generadores (incorporadores de población periférica, reproductores y expansores de instituciones civilizatorias), etc. No pretendo ser exhaustivo. Sólo ejemplificar que la voluntad general es una apariencia falaz (tanto si se la defiende como se se la critica), configurativa de la ausencia de los verdaderos motores del gobierno de los Estados y las razones pragmáticas que los alimentan.