Buscando dilucidar el procedimiento de análisis de la lógica de la construcción de un término no unívoco.
Dice Platón:
«Respecto de todo, siempre es necesario ponerse de acuerdo acerca del objeto mismo gracias a las definiciones, en vez de atenerse al nombre solo, sin su definición» (Platón, Sofista 218c1–5).
Advirtamos que cuando refiere a la definición del nombre (su logos) no está diciendo -no me parece-, que debamos «apalabrar» una definición, sino que debemos hacer referencia al objeto mismo -usando el logos como herramienta, claro.
Es decir, el problema al que nos enfrentamos aquí no es meramente el de encontrar una definición con la que estemos contentos porque cumple la función de ponernos de acuerdo, dado que eso en muchos casos, diría, es incluso imposible si no se parte al menos de unos presupuestos comunes. De lo que se trata aquí es de enfrentarnos a la fenomenología misma de un término, dada históricamente, y ver a qué refiere en cada momento y en cada contexto, para poder establecer cuál es la lógica material de las cosas a las que refiere y cómo se articula esa pluralidad de significados.
Cuando nos enfrentamos a un nombre, no nos enfrentamos meramente a su definición discursiva, sino a la naturaleza de aquello a lo que refiere.
Como primera intuición recurrí a la definición escolástica de analogía:
En términos escolásticos, la analogía es un modo de predicación intermedio entre la univocidad y la equivocidad:
- unívoco: el término significa lo mismo en todos los casos;
- equívoco: el término significa cosas completamente distintas;
- análogo: el término no significa exactamente lo mismo, pero tampoco algo totalmente distinto; hay una unidad de referencia, proporción o dependencia.
Ejemplo clásico: “sano” no significa lo mismo en “animal sano”, “comida sana” y “color sano”, pero tampoco son sentidos inconexos.
Las clases principales son:
- Analogía de atribución
Varios sujetos reciben un mismo término por referencia a un primer analogado o núcleo principal.
Ejemplo: “sano” se dice principalmente del organismo; de la comida, porque causa salud; de la orina, porque la indica. - Analogía de proporcionalidad
El término se aplica según una semejanza de relaciones.
Ejemplo: “ver” en el ojo y “ver” en el entendimiento: no es la misma operación, pero sí una proporción semejante.
Subdivisiones habituales:
- proporcionalidad propia: la semejanza es real y formal;
- proporcionalidad impropia o metafórica: la aplicación es por semejanza figurada, como “el prado ríe”.
(Generado con ChatGPT)
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