Autor: raphaeladmin

  • La agonía del eros

    La agonía del eros

    La agonía del eros, de Byung-Chul Han, analiza de formalaagoniadeleros radical cómo ha transformado la sociedad del consumo nuestra visión del amor y en general cómo han sido desvirtuadas las pasiones.

    En los últimos tiempos ha sido anunciado muchas veces el final del amor

    empieza, para acto segido adentrarse en un entramado complejo que describe cómo las pasiones se han convertido en simples drogas de consumo, encontrando la raíz de todo ello en el «narcisismo», la «no aceptación del otro como ser distinto» y la constante «negación  de la negatividad». Descarga una crítica muy fuerte al «logrocentrismo» actual, que basa en la auto-explotación, mediante la cual un «tú puedes» dirigido desde el yo (todo es posible hoy en día) es mucho más oprimente que un «tú debes» formulado por alguien externo (frente al «tú debes», queda abierta la excusa del «no puedo», frente al «tú puedes» no), lo cual nos lleva a una depresión narcisista al no ser capaces de vernos reflejados en el mundo que nos rodea (es distinto a nosotros). Nos invita a poder no poder.

    El eros vence a la depresión.

    frente_al_espejoHan define el eros como opuesto del narcisismo. La chirriante positividad con la que se pinta actualmente el amor (o la amistad) le hace perder todo secreto y sabor. Define el nacimiento de la pornografía como la pérdida de todo secreto y en consecuencia la agononía del eros. El verdadero amor no ha de ser un contrato en el que los amantes fijan las condiciones de cómo puede ser el otro para gustarse mutuamente, el amante o amigo no ha de ser reflejo de uno mismo, ni siquiera ha de entregarse completamente. El amado puede y debe ser incomprensible, incontrolable, guardar secretos, hacernos perdernos a nosotros mismos, hacernos no poder más. Así mismo con cualquier pasión, las verdaderas pasiones nos hacen morir y no poder más, nos hacen perdernos en ellas. Solo el eros, la pasión por lo distinto, la pérdida del yo, vence a la depresión.

    Dos capítulos muy interesantes para mí fueron «La simple vida» y «La muerte de la teoría», en los que se aleja un poco de la perspectiva amorosa para adentrarse en cómo nuestra forma de tratar en generar con la vida, theory-of-relativity1donde la negación de toda negatividad nos hace resignarnos a sobrevivir en detrimento de la «buena vida» y en cómo la sobredosis de datos de hoy en día no deja espacio para la elucubración, y agoniza también la «teoría abstracta» con su belleza. Frente a tanta información («conocimiento») muere la posibilidad de iluminación («reconocimiento», en el sentido de la «idea feliz»).

    Pero tras tanta crítica, aún es capaz de al final dejarnos con buen sabor de boca, ya que no da el eros por muerto (sólo agonizante) y nos da un pequeño mensaje hacker de cómo mantenerlo vivo:

    La ciencia-positiva basada en datos (la ciencia-Google) […] acaba con la teoría en el sentido enfático. Es aditiva o detectivesca y no narrativa o hermenéutica. […] Así se descompone en informaciones. A la vista de la creciete masa de informaciones y datos, teorías son hoy más necesarias que nunca. [Las teorías] evitan que las cosas se mezclen y crezcan descontroladamente. Reducen la entropía. Aclaran el mundo antes de explicarlo […] Le dan forma al mundo.

    Para entender esta cita bien habría que ponerla en contexto (por eso invito a la lectura). En esto último veo un mensaje claro que invita a no dejarse llevar por estadísticas, por «lo normal» o «lo que está bien», una invitación a seguir impulsos intuitivos para dar significado a la vida. También un mensaje decentralizador: «Google lo sabe todo, pero no sabe guiar, no sabe dar significado».

    Free-Thinker-copyLeer este libro supuso un cambio crucial en mi forma de entender mis relaciones con el mundo, en cierto modo me dio la claridad, seguridad y calma que definitivamente me hacía falta tras medio año de «profunda soledad», al menos sentida, al ser la única persona cercana con la que comparto momentos del día a día una persona crónicamente depresiva (también una depresión narcisista). Literalmente me sacó de una depresión narcisista, de mi miedo a no ser comprendido, a que mi mujer no entendiera mis «aventuras intelectuales» y mis «sueños» (un intento oculto de hacerla mi reflejo), a tomar «decisiones equivocadas» (es decir, miedo a no aprovechar la supuesta oportunidad de estar donde estoy, la que «es mejor para mi futuro», la que me aseguraría reconocimiento). Este libro fue como si mi ángel de la guarda me dijera: «no temas a lo incorrecto, no huyas al miedo, toma la decisión y deja la depresión atrás» y lo más importante, me hizo reconocer que la indecisión es la mayor causa de depresión. Y ahora me encuentro a semanas de volver a España, con un montón de dudas, pero dudas constructivas. Me siento vivo.

    El pensar, en el sentido enfático, sólo se eleva con el Eros. Un amigo, un amante hay que haber sido para poder pensar. Sin eros el pensar pierde toda vitalidad, toda inquietud, y se vuelve repetitivo y reaccional.

     

  • El arte de elegir objetivos

    El arte de elegir objetivos

    El humano es un animal curioso. El único para cuya vida lo más importante son sus objetivos. Son nuestro motor. Creo que no es pretencioso querer justificar esta afirmación con el sentido común ya que todos lo hemos experimentado.

    Entiendo objetivo como cualquier cosa que se quiera alcanzar, más allá de méritos o logros, algunos de mis objetivos son, por ejemplo, no sacarme una carrera, conocer más gente capaz de hacerme cambiar de opinión, vivir con mi mujer, estudiar el Go, levantarme mañana, leer un libro, satisfacer mis necesidades vitales, etc., lo dicho, aquellas cosas que me mueven a hacer algo.

    De forma más o menos consciente y aunque cada uno tenga su manera de juzgar al respecto, el principal tema de nuestras vidas, aunque muchas veces en segundo plano, es definir objetivos y adquirir costumbres enfocadas a alcanzarlos. Diariamente pasan por nuestras cabezas miles de decisiones posibes enfocadas a cumplir objetivos y a elegir nuevos.

    El arte no es tomar decisiones correctas, es tener objetivos

    Muchas veces uno se para a reflexionar sobre cómo tomar «la mejor decisión» o cuál sería el «mejor objetivo». En cada momento, tomar mejores decisiones o elegir aquellos objetivos que nos hagan sentir realizados es también un objetivo. Muchos de nuestros miedos, decepciones y depresiones nacen de la incertidumbre acerca de nuestras decisiones y objetivos. Ese es un peligro que en un mundo de información y posibilidades conocidas como el actual aumenta radicalmente. Todo es posible y siempre hay alguien que es mejor tomando decisiones. Lo malo no es eso, lo malo es constantemente saberlo. Cuando el único objetivo es optimizar la toma de decisiones, tomar decisiones parece haber perdido su significado artístico.

    Lo que yo he querido llamar «el arte de elegir objetivos» asienta su base en asumir este problema como punto de partida y pretende tratarlo de raíz. La depresión, la falta de objetivos y la negación de toda posibilidad de desarrollo, es la peor enfermedad que el humano puede sufrir. Peor que vivir encerrado. Peor que la muerte.

    Tomar decisiones correctas no es un arte, no porque no lo sea tomar decisiones en sí, sino por lo absurdo del concepto «decisión correcta» en general. De hecho, el dominio del arte de elegir objetivos no es posible sin tomar decisiones equivocadas ya que si siempre tomas la decisión correcta nunca necesitarás un cambio de objetivo, lo que probablemente llevará a la falta de objetivo.

    Mi afirmación, pues, es que el arte está en saber elegir los objetivos correctos, ya que cuando el objetivo es tomar siempre la decisión correcta se entra en un bucle vacío que cual agujero negro absorbe tus ganas de vivir. El objetivo debe ser hacer (o no hacer) algo, concreto o no, pero algo o bien alcanzable o que como mínimo genere un significado al ser intentado, es decir, que no quede en un «intento vano». La cosa no va de no intentar lo imposible, la cosa va de definir el objetivo con la suficiente ambigüedad (y precisión) como para que el fracaso no genere vacío o aún peor sentimiento de culpa. El sentimiento de culpa es el resentimiento de una decisión incorrecta.

    Cometer menos errores no es tener menos arte. «El arte de elegir objetivos» no es, como ya habréis notado, una inteligencia puramente lógica y pragmática. No somos ordenadores. Los ordenadores no tienen objetivos, tampoco cometen errores. Es una inteligencia más bien emocional: la gran lógica de este arte es que desde la creatividad se es más productivo, entendiendo bajo productividad tanto capacidad de alcanzar objetivos como capacidad de generar nuevos objetivos. Un objetivo puede ser también no tener objetivo. Ver una paradoja en esto último no es necesario.

    No hay un Objetivo Único, Central y Superior

    La única forma de no tener que cambiar de objetivo sería fijar el Objetivo Único, pero el Objetivo Único es una paradoja, es igual a la falta de objetivo en valor: quien persigue un único objetivo durante toda su vida pierde amplitud de miras hasta el punto en que fracaso es igual a muerte en términos metafóricos. Y voy a decir más, girando un poco el asunto, la única manera de aproximarse a tomar siempre decisiones correctas es fijar los correspondientes objetivos, variados y flexibles o, como mínimo, simples, ya que la correctitud de una decisión siempre depende del objetivo al que va orientada. Decisiones correctas no lo son siempre.

    Lo que quiero decir cuando hablo de «El arte de elegir objetivos», no es más que  inteligencia definida por la siguiente ecuación: inteligencia es la capacidad de aumentar la diversidad de decisiones futuras correctas. El objetivo es «mejor» cuantos más distintos desarrollos ofrezca a continuación. Por eso el gran valor que veo en trabajar sobre los hábitos. Definir motivos por los que tener un determinado hábito nos dará control sobre ellos y ese es el mejor camino con miras a poder proponerse con seguridad lo que sea que a uno le venga en gana.

    «El arte de elegir objetivos» y el poder del Go

    El Objetivo Único en el Go sería ganar, pero si juegas simplemente a ganar pierdes. Hay que dejar espacio al oponente. Uno está obligado a «no hacer» por un turno, plantearse el objetivo más próximo, tomar una decisión y parar de nuevo a ver que pasa. Turno por turno.

    Los objetivos son múltiples y varían según el momento, Joseki4-4,6-3,3-6-1extender moyo, asegurar un poco más de territiorio, cubrir puntos débiles, unir grupos que peligran, no dejar escapar un grupo muerto del contrario, invadir… cada cosa a su tiempo. Y si, todos ellos tienden al Objetivo Único, pero han de ser necesariamente distintos a él para tener significado y una forma correcta de decirlo sería «gana el que más significado genere en cada movimiento», el que sea capaz de siempre ver la parte buena del movimiento del contrario o como equivalentemente he dicho más arriba, el jugador cuyos objetivos ofrezcan más posibilidades de desarrollo, que a cada turno sea capaz de valorar de nuevo sus objetivos y no se obceque durante demasiado tiempo en hacer algo que no sabe si va a funcionar o, peor aún, ni siquiera para qué puede servir.

    Tras jugar mucho, uno empieza a darse cuenta del poder del ejercicio. Automáticamente tiende a no tener sólo un plan sino a tener decenas de ellos a cada instante, preparado a poder elegir aquel que menos te esperabas. Aprende a no frustrarse por el fallo de ninguno de ellos sino más bien a desarrollar fascinación por la belleza de lo aleatorio. Además, el Objetivo Único del Go (ganar) resulta no ser el más interesante ni el más motivador, lo más interesante es ganar por los pelos (importante por eso es encontrar pares).

    Mis planes nunca salen, por eso tengo tendencias a no hacerlos, lo más parecido que hago es «contemplar opciones y tomar decisiones».

    «El arte de elegir objetivos» es un ejercicio minimalista

    Replica_of_Dharma_Chakra_at_Duvvada_hillockYo lo defino como una visión «casi budista» de la inteligencia, que es ambivalente y todo lo tiene en cuenta sin hacer tampoco demasiado hincapié en «la importancia de cada cosa». Es flexible y no ve dificultad en cambiar de opinión o simplemente ver la parte buena de las cosas: «una opción puede ser mala, pero el resto son muchas más». Desde una perspectiva minimalista es incluso capaz de encontrar un Objetivo Único: dar otro paso, disfrutar de la infinita belleza de ese cambio como si fuera definitivo y así sucesivamente. La decisión es dar el paso, el objetivo disfrutar del cambio. Hacer para poder volver a no hacer. No hacer para poder volver a hacer convencido. Y todo por reflejo, por hábito, sin constantemente pensar en ello, teniendo presente solamente la fascinación.

    Spare yourself from seeking love, approval, or appreciation—from anyone. And watch what happens in reality.

    Byron Katie

    ¿Quiénes dominan este arte?

    Este arte no se domina, yo diría que es un arte por el cual hay que dejarse dominar. Como en el Go: es tan fácil que cualquiera puede aprenderlo, pero tan difícil que nadie puede afirmar que gana siempre. El arte, en gran parte también consiste en aceptar que eso es así. Es un arte que engloba muchas cosas. El Objetivo Único, entenderlo y dominarlo buddha-272493_640completamente es, como ya he intentado explicar, complejo hasta lo paradójico, como querer fabricar un lápiz sin ayuda. Dominan este arte aquellos que sienten pasión por lo que hacen, toman decisiones por ver que pasa, se dejan llevar por objetivos indefinidos, buscan sorprenderse a sí mismos y son capaces de entender, con algo de estoicismo científico, que por mal o distinto que salga todo, el mundo sigue.

  • El poder de las redes

    El poder de las redes

    El poder de las redes, por David de Ugarte, es una lectura extremadamente práctica cuando se trata de entender los cambios estructurales de la sociedad globalizada en las últimas décadas, los motivos de las crisis, también el origen de la libertad de expresión y democracia tal y como la conocemos, así como el crecimiento de la preocupación del ciudadano medio por cuestiones políticas y sociales.

    El libro parte de que estos cambios tienen un origen claro en la evolución de los medios de comunicación y como consecuencia directa en las redes sociales que éstos generaron en cada momento de la historia. Desde los sistemas centralizados de la época colonial hasta la distribución de la comunicación en la era del internet.

    El papel de la tecnología como medio o instrumento y ya no como objetivo o fin en sí.

    NetworkPara mi «El poder de las redes» representa una metáfora que va bastante más allá de lo que uno imagina antes de leer el libro (el poder del internet y las redes sociales como suele ser representado en los grandes medios de forma casi ecolálica). Haciendo especial hincapié en la evolución de las topologías de red «El poder de las redes» consigue de forma muy sobria que uno se de cuenta de que para entender cualquier sociedad y cualquier cambio en ella, hay que entender primero las estructuras de comunicación que la organizan, ya que de las estructuras de comunicación dependen por ejemplo las estructuras de poder, el nivel y la diversidad cultural de sus individuos y la capacidad de los mismos de organizarse más allá de jerarquías.

    ¿Qué pasa si las innovaciones importantes no se generan en el núcleo sino en la periferia, a donde los capos gestores de la información están demasiado ocupados para mirar?

    Y no sólo se queda en eso, porque también analiza de forma muy crítica y tajante el momento en el que nos encontramos en la actualidad, la diferencia entre redes sociales propiamente dichas y libros de cromos (así como demás sistemas centralizados), así como la importancia crucial de la blogsfera para el activismo político y económico, llegando al punto de dar algunas claves a tener en cuenta para orientarse en la actual maraña de sobredosis de información, crisis económica y cambio político.

    El conflicto es «multicanal», se da simultáneamente en muchos frentes, y del aparente caos emerge un «orden espontáneo» (…) que resulta letal para los viejos elefantes organizativos.

    La nueva apuesta [de los viejos elefantes] consiste en conseguir que los elefantes se olviden del navegador…

    De esta lectura he sido capaz de destilar claves para el desarrollo de una filosofía personal sólida, incluso para, casi por primera vez en mi vida, dignarme a formalizar un esbozo de postura política frente a toda la cuestión socio-económica que estamos viviendo y definirme un poco mejor, lo cual durante bastantes años me he negado a hacer de forma definitiva (algo poco común en mi generación, arebatada casi por completo por el 15m y similares).

    Un ciberactivista es alquien que utiliza Internet, y sobre todo la blogsfera, para difundir un discurso y poner a disposición pública herramientas que devuelvan a las personas el poder y la visibilidad que hoy monopolizan las instituciones.

    Como en la mayoría de comentarios sobre libros que escribo, no soy capaz de condensar todo lo que he podido extraer en un post más allá de hacer un pequeño resumen de lo que más interesante me ha parecido y lo dejaré salir a relucir en muchos otros a medida que lo desarrolle mejor.

     

  • Volver a las bases

    Volver a las bases

    Hay un proverbio de Go muy aplicable a la vida que dice: cuando no sepas qué hacer, vuelve a tu plan original.cropped-goA medida que pasa la vida vamos adquiriendo costumbres, haciendo pequeños gestos día a día que al principio son singulares pero en cuanto dejamos de darnos cuenta se convierten en hábitos y olvidamos la intención que había detrás de aquella vez. ¿Era por placer?¿Por curiosidad? La primera vez había un plan detrás, pero probablemente hemos olvidado incluso cuál fue aquella primera vez. La cosa es más compleja que sólo analizar una costumbre, porque la secuencia de decisiones que tomamos en un día es la combinación de miles de hábitos, en un orden más o menos aleatorio, que hemos educado acumulativa a lo largo de muchos años. Nuestra tendencia natural es automatizar. Inconscientemente, por instinto, construimos sistemas en los que nos sentimos seguros para entregarnos a ellos y no tener que preocuparnos constantemente de qué vamos a hacer a continuación.

    Automatizar es bueno cuando los automatismos son buenos, pero dado que no nacimos sabiendo distinguir buenas costumbres de malas costumbres, cuando nos queremos dar cuenta hemos perdido años de nuestra vida haciendo cosas simplemente por inercia sin siquiera buscar un sentido detrás. Tampoco se trata de buscar sentido en todo, eso puede ser muy cansador, muchas de esas cosas las hacemos por placer, y eso no tiene porqué ser malo, siempre que mantengamos un grado mínimo de flexibiliad.

    Mi hipótesis es: no es malo perder el tiempo ni tener adicciones, ni tampoco costumbres rituales improductivas día a día, pero es importante desarrollar técnicas para resetear de vez en cuando, volver al «plan original». Sustituir los actuales hábitos por otros que tuviste hace tiempo, o incluso dejarlos drásticamente, aunque sea para volver a experimentar la sensación de la primera vez y poder valorar de nuevo la razón por la cual lo convertiste en costumbre, para elegirlos de una forma realmente resiliente y no ser simplemente víctima de ellos.

    Parar y preguntarte qué es lo que realmente querías en el principio de los principios, quizás algo mucho más simple de lo que siquiera eres capaz de formalizar. En general, ser capaz de preguntarte cuál es el objetivo original de cualquiera de los caminos que hayas escogido y si las cosas que asumes como intrínsecas al mismo realmente lo son. Y es que demasiadas veces asumimos compromisos con nosotros mismos sin cuestionar, y nadie nos obliga a ello, enrolándonos en batallas interminables que no llevan a donde queríamos, simplemente nos desgastan.

    Aunque en la vida, igual que en el Go, no se trata de dar una paliza al contario, lo realmente interesante es ganar por los pelos.

  • Carta para mis amigos: os animo a leer…

    Carta para mis amigos: os animo a leer…

    Me va a costar un rato reunir, pero lo haré porque confío en vuestra sed de conocimiento, sobre todo en vuestras ganas de cambiar las cosas, la clave de esta carta no está en lo que escribo sino en los enlaces que adjunto al texto, este texto sin enlaces es una charla vacía. Mi objetivo a medio plazo es que vayamos creando un club de lectura (y de go) y una incubadora de buenas ideas y lleguéis a entender y a participar más de los caminos que hay para abrirse a la red de gente activa y dispuesta a compartir conocimiento (y negocios), que es inmensa. Yo tengo el privilegio de nutrirme de algunos gremios culturales ya, sólo fue cuestión de abrir los ojos, no de ser importante o especial. Para mí todo empezó a materializarse en aquel viaje que hice el año pasado a Bilbao, en el que empecé a darme cuenta de que el fenómeno es real y que hay que aprovecharlo. Y me gustaría compartir esta experiencia no solo con mis nuevos amigos sino también con algunos de los de siempre. Advierto que con el tema de Las Indias podéis acabar odiándome, pero mejor que ellos no define las cosas prácticamente nadie. Recomiendo su lectura diaria, así como la de muchos otros blogs, con tal de salir del fucking Facebook.

    Primer concepto a formalizar: topologías de red. Ya lo conocéis algunos. Y es que el mundo académico sigue moviéndose a nivel centralizado (o como mucho descentralizado) alrededor de la universidad, pero hoy en día la estructura dominante es la distribuida y a primera vista (más para jóvenes sin experiencia como nosotros) cuesta darse cuenta de la magnitud del suceso y de que no es una utopía: el acceso al conocimiento es libre. La cuestión clave que veo, es que la mayoría de jóvenes con mediano potencial se quedan atrapados entre Facebook, Google y Twitter y el utópico ascenso hacia la universidad como único camino a lograr una vida digna e interesante y corren gran riesgo de frustración al no ser capaces así de desarrollar una conexión a la red del conocimiento y las relaciones de mercado en su máxima expresión. La crisis que vivimos en España (Europa y el muno occidental entero) es más una cuestión de enfoque equivocado que de crisis económica real y eso se reconoce en que quienes se dan cuenta y lo trabajan tienden a crecer a pesar de la descomposición que sufre el resto.

    Inmediatamente ligada a la evolución de las topologías de red aparece la nueva forma de aprendizaje, para entender esto es esencial distinguir entre gente culta y gente especializada, como dice Pekka Himanen en su libro sobre la ética hacker,

    ¿de qué se trata al trabajar, de hacer algo o de cumplir una condena?

    lo mismo es trasladable al mundo del conocimiento en forma de sistemas de aprendizaje libres. Dado el libre acceso que tenemos al conocimiento y a los contactos con más experiencia, resulta haberse convertido en una pérdida de potencial tener que subordinarse a una facultad académica al modo tradicional (al menos por principio, obviamente, a pesar de la obsolescencia de su monopolio, siguen siendo sitios ricos para conocer gente y aprender), sea del tipo o del nivel que sea.

    Una vez entendidas estas claves del «nuevo mercado» del conocimiento hay una serie de pasitos que para mi fueron esenciales, ya que no hay otra forma de inernalizar el proceso: abrir un blog (sobre lo cual tengo un borrador a medio escribir), leer y comentar blogs de otros (entrar en conversación es básico), y leer libros sobre aquello que te interese (hacerte con el conocimiento, dejar de pensar que necesitas una nota que lo acredite, si sabes sobre algo, escribe sobre ello y busca con quién discutir sobre el tema, por inercia encontrarás la manera de convertirlo en oficio, ¿qué mejor camino que abrir un blog?). Vuelvo a una cita irónica de Pekka Himanen, hoy más poderosa que nunca:

    ¿Cómo podría Einstein haber llegado a la fórmula E=mc2 si su actividad se hubiera dado en el caos de grupos de investigadores autoorganizados? ¿Acaso no opera la ciencia con una jerarquía tajante, liderada por un empresario en Ciencia, con directores de división para cada disciplina?

    Ahora, veo y entiendo lo que para vosotros pudiera ser un problema: vuestra aversión a lo tecnológico, para ello tengo una respuesta radical y quizás poco simpática, pero así es la vida, aprender a utilizar la tecnología hoy es lo que hace cien años o más era aprender a leer y escribir, esencial para tener acceso a la cultura. Si no quieres, tonto tú, entender no es un derecho, es una responsabilidad. Además, sois jóvenes como pocos lo son y gozáis de un acceso diario, casi involuntario, así que no tenéis nada que os justifique al negar el acceso a conocimiento nuevo. Y con estas últimas palabras no pretendo ejercer coherción, sólo advertir que hoy más que nunca antes somos herreros de nuestro destino, y echar la culpa a «este sistema de mierda que nos mira sobre el hombro porque ¿¿¿somos diferentes???» es una actitud, simplemente, equivocada. Papá estado es un hijo de puta, pero ya no mata con la desfachatez que acostumbraba, y perdió el poder de quemar nuestras bibliotecas. Nosotros somos jóvenes y esa es la principal fuente de poder.

    Fin del discurso por ahora, aquí un enlace achild-316511_640 una carpeta llena de libros en la cual recomiendo empezar por el itinerario, están ordenados y contextualizados con sentido, pero cada uno es libre de empezar por donde quiera y yo estoy dispuesto a conversar y a hacer más recomendaciones más allá. Otro filósofo que me gusta mucho últimamente es Byung Chul Han, cuyos libros compro y leo, pero en alemán, aunque debe estar disponible en español igual. Estuve leyendo un libro, que sigo teniendo a medias, de David Graeber, otro personaje digno de observación. Y hay muchos más.

    Si me observáis en mi blog, en Twitter, en lamatriz.org y en ello.co veréis que a pesar de que ignoro el Facebook estoy activo en internet de una forma distribuida, ya que lo considero importante para mi desarrollo intelectual, he decidido ser principal artífice de mi formación.

    Os invito a explorar, no tiene por qué ser de una forma tan masiva, acabo de resumir un progreso que ha costado ya algunos años, esperiencias y contactos, pero razones no faltan y os puedo hacer la promesa de que os hará ver el mundo con otros ojos.

    ¡Críticas, por favor!